Lo primero que hice al ver a la señora Jones fue ahogar un grito. Obviamente no la esperaba aquí, ni en la ciudad ni en esta casa. Pero ahí estaba ella, frente a mí, luciendo un suéter feo que parecía haber conseguido a última hora. Pronto sentí sus brazos alrededor de mi cuello y yo tuve que devolverle el gesto aun cuando me encontraba sorprendida por su presencia.
—¿Cómo llegó aquí? — Pregunté un poco temblorosa.
—En GPS cariño. — Explotó en carcajadas y no pude evitar reírme de su mala broma