Joy se apoderó de mí y, antes de que me diera cuenta, abofeteé a la chica. Salió volando y cayó sobre un montón de paja. Me abalancé sobre ella. Llamarme de todo no me hacía ningún daño, pero meter a Alfa Karim y a mis hijos no nacidos en esto no era para mí.
Joy estaba furiosa. Nunca la había sentido así, y aunque le rogué que me dejara tomar el control, hizo lo que quiso. Estranguló a la niña. La otra chica siguió gritando, y la gente se reunió una tras otra. Cuando Joy vio la multitud, se