El guerrero me miró como si me hubiera vuelta loca de repente, y me comprendí. Tenía razón. ¿Cómo podía buscar a alguien a quien le deseaba la muerte?
"No estoy obligado a responder a esa pregunta. Debes marcharte".
Me volví para entrar y coger mis insignificantes cosas que me había conseguido.
"No debes salir de la tienda con nada".
"Ah", dije.
El guerrero hizo un gesto hacia la puerta, y salí sin dudarlo. Me enviaba de vuelta con los lobos. Esta vez, les había dado la oportunida