No necesitaba que nadie me dijera que quien se revelaría tras aquella multitud era el Alfa. Esperaba ver a un anciano con galas y una corona en la cabeza, pero me encontré cara a cara con un monstruoso hombre más joven, de aspecto notable, pero con unos ojos que ardían de furia. Me sentí intimidado durante una fracción de segundo, pero me mantuve firme.
Tenía la misma cara que el hombre cuyo dibujo me dio mi madre, pero era más joven y, sin que me lo dijeran, supe que se trataba de su hijo. Si