Allegra y Melanie estaban en una cafetería, habían terminado de dar sus clases, Melanie estaba desconcertada por la decisión de Allegra y la observaba implacable
—¡Es que no me lo puedo creer! Habías dejado al patán y de buenas a primeras, porque te ha buscado corres a sus brazos.
—No corrí a sus brazos —repuso Allegra defensiva—. Solo lo ayudaré con la fundación, tú sabes que ellos ayudaron mucho a mi madre.
—Allegra Ferrez no puedes engañarme, ese hombre tuvo un pretexto, pero tú también lo