—¡James, no te atrevas! ¡Suéltame! —grité.
—¡Borralas! —también gritó.
—¡No lo haré! ¿Te volviste loco?
—¡Tú eres la loca por tenerlas aún!
—¡Eres un idiota!
—¡Y tú una loca obsesionada!
—Te juro que si no tuviera mis manos ocupadas, tratando de sostenerme, ya te habría partido la cara.
—Y yo te juro que si no las borras, te arrojo al mar.
Hizo más presión en mi cuerpo y yo me sujeté con más fuerza de la baranda.
—¡No lo haré!
—¡Si lo harás!
«Santo Dios»
—¡Bien, bien, lo haré, sólo suéltame! —