CAPÍTULO 22
Bianca
Escuché el suave roce de la puerta. Lupe entró con su habitual discreción, portando una bandeja con fruta fresca y café. Sus ojos, siempre observadores, se posaron de inmediato en mí. Ella sabía que algo grande había ocurrido.
— Buenos días, cariño —dijo, dejando la bandeja sobre la mesa—. Tienes una luz distinta en los ojos. Me han llegado rumores de que anoche Obsidiana casi se queda sin fondos.
Me senté en el borde de la cama y no pude evitar que una sonrisa triunfal asoma