—Valeria, —dijo Daniel con un tono más bajo, casi un susurro—, no quiero presionarte. Pero no puedo seguir fingiendo que no siento esto por ti.
Valeria respiró profundamente, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Sentía que había caído en una espiral de emociones que no había anticipado, y aunque cada fibra de su ser le gritaba que estaba jugando con fuego, no podía negar el deseo que la consumía.
—Daniel, no sé si esto es lo correcto, —respondió finalmente, su voz temblando ligeramente