Valeria cerró los ojos, intentando controlar el torbellino de emociones que la invadía. Todo lo que había pasado con Alejandro y Margarita le parecía una pesadilla, y ahora, en los brazos de Daniel, sentía que por fin podía respirar.
Desde la camioneta, Alejandro apretó los puños al ver la escena. Una mezcla de celos y rabia lo recorría, pero se obligó a mantener la calma. Margarita, a su lado, tenía una expresión de furia contenida, sus ojos fijos en Daniel.
—Esto no puede continuar así —murmu