—Y te lo daré, te darás cuenta de que yo soy para te de ti ahora —afirmó él, su tono firme, pero con un matiz de ternura que la hizo estremecer—. Pero entiéndeme. Estoy aquí y no pienso retroceder.
Se levantó con lentitud, dándole espacio, y Valeria lo observó con cierta inquietud mientras él recogía los platos. Alejandro se movía por la cocina con una facilidad que la tranquilizaba, dándole un respiro que tanto necesitaba.
—Hay otra habitación al final del pasillo —dijo él de repente, mientras