Nohelia seguía su vida de madre y esposa, cada día atendía a Sergio con todo el amor del mundo, lo amaba y había estudiado para atenderlo personalmente, continuó aplazando el regreso a Ecuador.
Un años más había pasado, y como cada día se levantó y lo primero que hizo fue ir a la habitación de Sergio.
—Buenos días mi amor, hoy nuestra hija va a su primer día de clases, si la vieras, está muy feliz.
Acarició sus cabellos, y empezó con la rutina diaria de aseo.
—Listo mi vida, guapo y per