Liuba miraba y sonreía al ver a sus pequeños jugar y correr, su teléfono sonó y miró el nombre de Jeanette.
—Liuba, vamos por unas copas, hoy es mi cumpleaños y no lo recordaste.
—Me cambio y salgo, y mil perdón mi Jean, con tantas cosas lo olvidé, pero espérame.
Liuba dejó a los pequeños en sus camas al cuidado de las nanas, se puso un vestido negro, tomó sus llaves y salió. Su guardaespaldas personal le envió información de que era seguida por uno de los hombres de Nikolay, ella continuó con