El amanecer pinta el cielo con tonos cálidos de naranja y rosa mientras Lía se despereza en la cama. La suave respiración de su hijo llena la habitación, un sonido que le trae paz. Einar, sentado en una silla cerca de la ventana, revisa unos documentos de la manada, pero su mirada se desvía hacia Lía cuando la siente moverse.
—Buenos días —dice él, dejando los papeles a un lado y acercándose a la cama.
—Buenos días —responde Lía, su voz aún cargada de sueño.
Einar se inclina para besarla en la