Alexander dava vueltas algo nervioso por el living, mientras que Irina aguardaba tranquila con los brazos cruzados sobre su pecho y la espalda apoyada contra una pared.
—¿Podrías quedarte quieto? Empiezas a ponerme nerviosa—solto la rubia preciosa con el ceño algo fruncido, lanzandole una mirada de advertencia al millonario.
Alexander volvió el rostro hacia ella, al tiempo que liberaba un suspiro acongojado y pasaba una mano por su cabellera dorada.
—Lo lamento, es que estoy nervioso—se disculp