Alexander volvio a reclamar sus labios con una fogosa pasion, la cual solo servia para alimentar el deseo de poseerla, de sentir la suavidad de su piel con la llema de sus dedos, de saborear el delicioso pecado atado a la carne.
El millonario comenzo a acariciar el cuerpo de Selena, primero por encima de la ropa, sin embargo, antes de notarlo, comenzo a deslizar sus dedos por debajo de la suave textura de la tela, buscando el calor de su piel.
Cuando finalmente hizo contacto con esta, de los la