La mirada de Andrew estaba perdida, oscilando entre la ventana con vista al edificio de Alexander, y la pared del pequeño café en el que habían decidido entrar el e Irina. Bueno, para ser justos, ella había entrado a ese sitio casi invisible a la vista del mundo y él simplemente se había limitado a seguirla.
Los pensamientos del hermoso hombre de mirada azul hielo lo atormentaba a cada segundo que pasaba, sabía que Alexander había hecho alguna especie de trato con la matrona, uno que sin duda n