El aire en la casa se sentía distinto después de la confrontación con Victoria. Una tensión sutil flotaba en el ambiente, como si las paredes aún resonaran con las palabras dichas. Alexandro no habló mucho en el camino de regreso, pero su mano nunca soltó la de Vanessa. Era un gesto pequeño, pero reconfortante. Sabía que ella aún estaba procesando lo que había sucedido, que las piezas del rompecabezas se movían en su cabeza tratando de encontrar sentido a todo.
Cuando llegaron a casa, Mariana y