Ethan se reclinó en el sillón de su oficina y soltó un suspiro. Los ojos le ardían después de pasar las últimas horas con el rostro pegado a la computadora. Cerró los ojos, mientras echaba la cabeza hacia atrás, y sin proponérselo, pensó en Naomi y en lo que estaría haciendo.
Había pasado un mes desde que ella había comenzado a trabajar allí y apenas la había visto. Sus encuentros se limitaban a los informes semanales, que rara vez duraban más de diez minutos. Por lo demás, él había intentado m