Colton se detuvo frente a las rejas de la casa de Teo y Hannah y esperó a que el guardia saliera de la garita.
—Buenos días, señor Wright —saludó el hombre.
—Buenos días —respondió Colton.
El guardia no tardó en dejarlo pasar.
Siguió el camino de piedras hasta llegar a la casa de sus amigos y estacionó en el área exterior. Luego bajó del auto y se dirigió al asiento trasero para tomar la bolsa con los regalos que había comprado para sus ahijados. Con ella en la mano, avanzó hacia la entrada.
Es