Me remuevo en la cama al sentir los besos de Milly sobre mi espalda.
—Buenos días —me saluda.
—Necesito más besos para despertar —gruño y se acomoda sobre mis piernas, masajea mis hombros y después deja algunos besos.
Me doy la vuelta para quedar sobre ella haciéndola reír al tumbarla.
—Mi indecencia te da los buenos días —digo presionando mi erección en su centro.
—Mmm —murmura—. Siempre me ha gustado tu manera de dar los buenos días —se ríe mientras levanto su blusa para entretenerme e