Después de hablar, Damian le dio una palmadita afectuosa a Valentina en la cabeza. —El tío se va. Pórtate bien con Adeline, ¿de acuerdo? Vendré a recogerte mañana temprano para llevarte al jardín de infancia.
Valentina asintió obedientemente. —Bueno, adiós, tío.
Damian asintió, le dedicó una última mirada a Adeline y se giró para irse. La niña, radiante de felicidad, comenzó a caminar por la sala de estar observando cada rincón con curiosidad.
—Adeline, este lugar parece una oficina —comentó Va