Rebecca esperaba que Adeline se alegrara ante semejante despliegue de lujo, pero su reacción fue como un balde de agua fría sobre el entusiasmo de la oficina. Ante la frialdad de la arquitecta, la secretaria no se atrevió a decir nada más y salió del despacho de Damian para enviarle las fotos de los conjuntos seleccionados.
Tras recibir las docenas de imágenes, Damian examinó los vestidos uno por uno. No se molestó en mirar las joyas —confiaba en el criterio técnico de los expertos, pero no sabí