Damian asintió con una seriedad fingida que no llegó a sus ojos. —Es cierto, Adeline. Tienes razón. Pero no tengo el valor para despertarla yo solo. Ven conmigo. Valentina no se pondrá histérica si sabe que eres tú quien la despierta, y además... no tengo la menor idea de cómo cepillarle los dientes a una niña.
Adeline soltó un suspiro de irritación, apretando los puños. —¿Es que Helena todavía no ha llegado? Damian esbozó una media sonrisa, disfrutando de su ventaja. —¿Estás segura de que Hele