Adeline se secó las manos con una toalla de papel, evitando mirar su reflejo en el espejo del baño de la obra. El contraste entre el "positivo" y el "negativo" la había dejado en un limbo emocional agotador.
—No voy a ir a ningún hospital, Maya —sentenció Adeline con una firmeza que no admitía réplicas—. Si voy, los Thorne se enterarán antes de que yo misma pueda procesar la noticia. Damian tiene ojos en todas partes, especialmente en los centros de salud de esta zona.
Maya suspiró, recogiendo l