Por Elizabeth
No puedo dejar de sentir su mirada, así me miraba cuando me conoció, con insistencia, salvo que de su boca no se alejaba esa media sonrisa, que me volvía loca.
Anoche había ese algo en su mirada, la insistencia era la misma, la media sonrisa no existía y parecía rodearnos una tristeza absoluta, a ambos.
Él tendría que haber estado feliz de refregarme a su nueva mujer y yo también me podría haber alegrado de lo mal que se llevaban, sin embargo los dos estábamos apesadumbrados.
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