58. Ensuciarme las manos
Aurora estaba muda. No sabía si el rubio estaba realmente hablando en serio o todo era debido a un impulso del momento. Sus ojos no podían hacer otra cosa más que mirar al hombre en frente de ella, antes de dejar salir lo único que fue capaz de decir:
—¿Qué…? Eso es… ¡No puedo simplemente mudarme!
—¡Por supuesto que puedes!—Benjamin la estaba viendo como si ella fuera la que se había enloquecido—Simplemente es coger tu ropa y pasarte de un lugar a otro, ya mismo me pongo a llamar a mi gente pa