45. No voy a soltarte
El hombre gordo, sudado y con una sonrisa maquiavélica estaba viendo su hazaña desde el lugar más apartado del parque. Si ese estupido niñato creía que iba a llegar a su parque a cambiar y quitarle todo lo que por tanto tiempo él había codiciado estaba muy equivocado.
Roger, el administrador, hizo aún más grande su sonrisa cuando escucho como los gritos se hicieron presentes en el instante en que la rueda de la fortuna comenzó a fallar y tambalearse de manera errática, él mismo se había encarga