Al alba del segundo día, apenas cuando la luz del sol comenzaba a despuntar sobre las montañas aún lejanas, Naiara, fue despertada de un modo muy particular, la humedad se extendías desde su cuello desnudo por su mejilla y luego se alojaba en su oído, para entonces podía percibirla pero aún no despertaba por completo, se sentía muy cansada, había estado despierta hasta altas horas, cuando el lobo paria y lo que ella podía definir como parte de su manada, terminaron con el festín que le dieron d