Ninguno de los malditos que nos traicionaron desató a Naiara y la tomó por el brazo, comenzó a arrastrarla con tanta fuerza que ella no lograba mantenerse en pie, sentía el dolor en las rodillas al golpear contra el suelo, el tirón en el brazo al ser elevada como una carga. El alimento que le había proporcionado el árbol en un intento de la naturaleza por ayudarla, no era suficiente para darle fuerzas, apenas era un sustento para mantenerla consciente.
- ¡Vamos levanten el campamento!