Capítulo 25. Malos presentimientos...
La semana parecía transcurrir con una lenta monotonía que a Muriel le daba una inquietud que no lograba explicar.
Como si se tratara de la paz que precede a una tormenta de esas de verano, que arrasan a su paso con todo, anegando calles.
Por un lado, su jefe parecía evitarla siempre que podía, y cuando no, su sola presencia en la habitación electrizaba el aire, alterando sus nervios. No podía negar que ella sentía una atracción casi animal e instintiva, una que contradecía el mantra que se repe