Esa noche se olvidó por completo de la revista y de la noticia de que Fabricio y Mabel estaban juntos, en cuanto estaba en los brazos de Stefano no pensaba con cordura y no pensaba en nada más. Pero la luna de miel tenía que acabar seguía reacia a aceptar que ahora tenía que enfrentarse a lo que sería su vida de ahora en adelante como esposa de un hombre maravilloso, aunque no la amara. Pero ella tenía que poner de su parte y lo haría, se esforzaría, pero también protegería su independencia, su