MAEVE
—¿Entonces volvieron a besarse? —pregunté divertida al ver las mejillas completamente rojas de Cokkie.
Nos encontrábamos en el saloncito de su casa, merendando, yo comía un pedazo de buñuelo mientras me burlaba de su indecisión.
—¡Ahs, Maeve! A veces quisiera darme un golpe por ser tan tonta.
—No, tonta no eres. Solo eres una mujer indecisa en el amor demasiado que roza con lo absurdo, sin ofender amiga —ella me lanzó una rebana de fruta a la frente —¡Ay, no desperdicies la comida!
—¡