Laia.
Desperté con esa fuerte presión en el pecho, haciéndome respirar entre cortadamente y agitada. Caleb, quien estaba dormido a mi lado, sintió mis movimientos y terminó sobresaltado.
—¿L-Laia? ¿Qué sucede? —soltó, con la voz ronca.
Sus brazos desnudos me abrazaron. Me pude dar cuenta de que ambos estábamos sin ropa debajo de las sábanas y la calidez que emanaba de nuestros cuerpos era increíble.
Yo tenía la boca abierta, una fuerte presión me ahogaba, pero también sentía mil hormigueos por