18. El peso de la identidad.
La tarde avanzaba lenta y densa, como si cada minuto estuviera cargado de plomo. Gwen avanzaba por las calles de Pueblo Plasmar, pero esta vez no se sentía la cazadora; era la cazada.
El frío se filtraba por su ropa, pero no era el clima lo que la hacía temblar. Era la duda. No solo por sus habilidades fallidas, sino por las palabras de Mactodo que no dejaban de resonar en su mente. «Para vengar a tu tía y proteger a tu hermano, debes ser una Plasmática», recordaba una y otra vez, como un eco c