En una habitación llena de desorden, un joven yacía sentado en su silla de ruedas. Su cabello despeinado cubría sus ojos y su mirada sombría se posaba sobre el suelo, en donde una impasible cuchilla yacía también junto a varios fragmentos de vidrio. En su mente, una voz le repetía incesantemente:
—¿Por qué rayos estás dudando? Un solo corte y todo nuestro dolor desaparecerá. Tus padres se divorciaron, volvieron a casarse y ya no te necesitan. ¡Muérete pronto! ¡La muerte te liberará de esta vida