En ese preciso momento, se abrió la puerta de la oficina y entró una mujer de unos veinticinco años, con el cabello largo y vestida con un atuendo formal. Llevaba muy diligente una taza de café en la mano:
—Jefe… su cafecito…
Álvaro frunció al instante el ceño sin decir nada, golpeó ligeramente el escritorio y le ordenó:
—Déjalo ahí.
Ella se llama Susan, la nueva asistenta de Álvaro. Después de que Shirley se fue, ella trabajaba temporalmente en este cargo. Ella dejó el café algo inquieta y le p