La expresión de Luna era muy tranquila, con cierto orgullo, e incluso no parecía tener ni una pizca de miedo.
—Solo soy una simple pintora, nada especial. Si no tienes otras cosas que decirme, pues, por favor, déjame pasar —dijo Luna mientras afirmaba con la cabeza, luego se fue directamente de su lado.
—Tú…
La mujer aún quería regañarla por su falta de respeto, pero Elda la detuvo en ese momento, siguiéndola con la mirada.
Luna se agachó frente a la chamaca y estaba consolándola.
Después de una