Luna no podía entender muy bien por qué Leonardo aceptaba con gusto ese amor de Ada...
Cuando regresó de nuevo al pabellón, se acostó en el estudio, pero al despertar, sin saber cómo, ya estaba en la habitación original.
Lo que la había despertado asombrada fue el calor asfixiante a su lado. Intentó empujar al hombre varias veces, pero no logró apartarlo. Cuando notó algo en su mano, su rostro se ensombreció de inmediato. Andrés había vuelto a colocarle el anillo en el dedo anular izquierdo.
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