—¿Qué le parece si se lo llevo para que lo pruebe? —preguntó ansiosa la criada.
Luna no le hizo caso alguno y en su lugar salió del baño cargando a Asterio, quien ya había terminado de bañarse. Los dos se prepararon para echar una pequeña siesta.
Asterio también tenía mucho sueño, se acurrucó con agrado en la cama y dejó caer su manita en el mismo lugar de siempre, quedándose profundamente dormido sin moverse.
***
En un hotel de cinco estrellas.
José miraba fijamente con una sonrisa algo malici