Andrés, que casualmente regresaba del exterior, vio la puerta abierta y su mirada se ennegreció al instante.
—¿Quién vino hoy? —le preguntó al guardaespaldas con frialdad.
—Solo Emma, que acababa de volver de la compra. Nadie más entró aquí.
Andrés no se lo creyó en lo absoluto y fue a mirar las grabaciones de las cámaras de seguridad de la habitación. Al ver al niño aparecer en la escena, relajó un poco el ceño. Casi olvidaba por completo la existencia de ese niño... Estos días no le había pres