—Yo no soy tan fácil de tratar como él...
El vestido de María ya había sido arrancado en ese momento, dejando su cuerpo al descubierto ante la vista del hombre...
Pronto, el hombre se levantó y la colocó de inmediato sobre el escritorio, haciéndola quedar recostada boca arriba y luego, con brusquedad, la penetró...
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En la ciudad, volvieron a soplar vientos muy fuertes y a llover a cántaros, lavando todo a su paso.
En la iglesia de la Santa Fe, Álvaro nunca imaginó siquiera que habría un día