Ahora, la existencia de este niño se había convertido en un verdadero problema para ambos. Andrés podría ser cruel e ignorar al infante, pero Luna en realidad no lo soportaba...
Luna lo sacó a dar una pequeña vuelta por el patio trasero, palmoteando con dulzura su espalda para arrullarlo hasta que se durmiera. Cuando casi se quedó dormido, Luna lo acostó con cuidado en el sofá, y el pequeño se acurrucó en el regazo de Luna, abriendo sus ojos para mirarla fijamente. Cuando Luna lo contempló tiern