—De acuerdo. Tomaré la medicina y déjalo ir ahora —dijo Luna suplicante mientras se esforzaba por levantarse de la cama.
Andrés la ayudó y quería darle la medicina en persona.
—Puedo… yo puedo hacerlo sola.
Luna intentó alcanzarlo en ese momento, pero el hombre no se lo permitió.
—Te lo daré.
Al notar su mirada amenazadora, Luna tuvo que ceder y abrió ligeramente la boca para recibir la pastilla blanca que él sostenía con firmeza en su dedo. Sus labios suaves rodearon la punta de su dedo, desper