Luna recogió con delicadeza su largo cabello y ordenó un poco el pañal del bebé. Lo levantó con ternura y lo colocó en el centro de la cama, luego se acostó en el borde. La cama era bastante espaciosa y ella siempre dormía tranquilamente por la noche, sin aplastar al niño.
Andrés se acercó y se sentó junto a la cama. Le preguntó:
—¿Quieres que te prepare unos fideos?
Luna estaba sentada en la cama, sosteniendo un libro en sus manos y mirando fijamente hacia abajo. Abrió la página que aún no hab