—Cancela las reuniones innecesarias por la tarde —ordenó de inmediato Andrés a Álvaro.
—Entendido, jefe —le respondió muy respetuoso Álvaro.
En ese momento, Andrés finalmente posó la mirada en Luna y le dijo con una voz fría y distante:
—Más tarde, los guardaespaldas te llevarán de regreso a casa.
Andrés bajó de inmediato la mirada y solo afirmó con la cabeza.
Mucho tiempo después, un guardaespaldas entró en la oficina y le informó:
—Señorita, el jefe se ha ido. Tenemos dos horas disponibles par