Justo cuando Luna pronunció esa palabra, su móvil comenzó a sonar. Miró con rapidez el nombre en la pantalla y dudó por un momento antes de contestar la llamada, sin querer mostrarle una buena actitud:
—Prometiste darme tres días y aún no ha pasado el tiempo acordado.
—Si quieres ir a rendir homenaje a tu madre, ven a mi oficina y espera a que termine la reunión. Por la tarde, te acompañaré —dijo el hombre.
—No necesito que me acompañes, puedo ir sola.
—O te acompaño, o no vayas. Tú lo decides —