—¿Qué sucede? —preguntó Andrés mirándola fijamente. Todo el enojo desapareció al verla así.
—Nada. No pienses demasiado —le respondió Luna con total indiferencia.
En realidad, Andrés podía claramente percibir lo que ella estaba pensando, a pesar de que ella lo guardaba en lo profundo de su corazón. Desde que era pequeña, Luna había sido criada como una princesita muy consentida. Las marcas dejadas por Andrés la noche anterior aún no se habían desvanecido por completo de su piel blanca y hermosa