—Media hora más tarde. Te llevaré de regreso a la universidad —dijo el hombre.
—No lo necesito.
Andrés soltó con fuerza su mano y Luna se sorprendió. ¿Cómo pudo soltarla tan fácilmente? ¿Sería él tan amable?
Sin vacilar, Luna apartó con rabia las sábanas y se levantó de la cama directamente. Observó sus piernas, que solían ser muy suaves y lisas, ahora estaban llenas de grandes marcas causadas por el hombre. Apretó con fuerza los dientes y maldijo en silencio:
—¡Bruta bestia!
Apenas puso un pie