Andrés abrió la puerta del copiloto, pero vio que Luna estaba inmóvil, no se movía de su lugar.
—¿Y los demás? ¿Por qué solo estás tú? —preguntó ella vacilante, sin querer subir al auto.
—Los asuntos de la familia no son nada triviales. El padrino está gravemente enfermo y no puedo revelar ni una pizca de información al exterior, y mucho menos esperar que un extraño venga a recibirte. ¿Cómo? ¿Tienes tanto miedo de que te haga algo?
Al percibir la mirada invasiva y posesiva del hombre, Luna retro