Luna gritó:
—¡Andrés…!
En la parte superior del cuerpo de Andrés, los cálidos sudores cubrían los atractivos músculos y se deslizaban suavemente por sus brazos. Al instante, se inclinó bruscamente y la chocó con fuerza, si darle ninguna oportunidad de descansar.
El agudo dolor la hizo recobrar momentáneamente la conciencia. Sus labios suaves fueron sellados totalmente por un beso fuerte y dominante, por lo que la voz solo se podía escapar por la garganta mientras todas las palabras ya eran poco